miércoles, 20 de abril de 2011

La Quiebra del Capitalismo Global - Fernández Durán


Guerra y Patriarcado,

problemas de especie a resolver

para subsistir humanamente

Nos estamos acercando a un momento único en la Historia de la Humanidad, en realidad estamos ya en él, en el que ésta se deberá plantear su futuro como especie, a escala local y global, teniendo en cuenta los límites ecológicos. Pero este colosal reto sería mejor plantearlo en términos de: ¿supervivencia de la especie humana o de la “humanidad” como especie? Pues para nada es lo mismo. La Transición hacia un mundo Postfosilista puede ser probablemente una deriva caótica y brutal, aunque como ya hemos apuntado, el cómo sea dependerá también en gran medida de nosotros mismos. Aún así, debemos prepararnos para una larga fase de barbarie yviolencia, que con suerte durará “sólo” dos décadas. La Crisis Global a la que nos ha conducido un sistema enormemente injusto y brutal, basado en la competencia extrema y en una desigualdad social e intersexual creciente, sin ninguna consideración por los límites de recursos y sumideros de la Biosfera, no puede ya eludirse. Pero ninguna salida mínimamente “humana” (considerando el lado bueno y positivo de la especie) será posible sin más cooperación que lucha entre semejantes, sin caminar hacia la igualdad social e intersexual, sin la aceptación del “otro” y de la diversidad y mestizaje de “civilizaciones”, es decir, sin fomentar la empatía hacia nuestros semejantes (De Waal, 2010) y especialmente sin estar en paz con la Madre Naturaleza. En esos terrenos se juega el futuro de la “Humanidad” como especie, probablemente después de 2030. Y antes, por supuesto, si no actuamos desde ya, y llegamos en las mejores condiciones posibles a la tan mentada fecha, donde parece que se podrían llegar a abrir mejores condiciones para caminar quizás más ampliamente hacia “otros mundos posibles”. Pero sólo si hemos logrado crear las condiciones para ello, volvemos a repetir. Y si no, pues los peores mundos factibles pueden presidir el Largo Declive de la Civilización Industrial.

Tendremos pues dos escenarios extremos posibles a partir grosso modo de 2030. Un colapso caótico, brusco y humanamente brutal, o un decrecimiento “más suave”, ordenado y justo, siendo lo más probable una compleja y conflictiva interacción entre ambos, dependiente asimismo de la situación diferencial de los distintos territorios y sociedades a escala planetaria. Es decir, diferentes grados de “Barbaries” junto con distintos grados de “Socialismos Ecológicos y Antipatriarcales” (¡si es que se logran alcanzar!), con toda la amplia gama intermedia que ya hemos resaltado, conviviendo de forma muy complicada entre sí. Lo más probable, al día de hoy, con las tendencias en curso, es que predominen los escenarios de “Barbarie” sobre los otros. Pero sería una “salida” hacia delante de la especie en gran medida suicida, pues podría estar en juego su propio futuro sobre el planeta Tierra, al comprometer el porvenir de una gran parte de la misma (en el caso más extremo de crisis aguda nuclear, bacteriológica o transgénica). Pero para transitar en otra dirección, es decir, para que no lleguen a plasmarse escenarios de esa naturaleza, deberíamos ir caminando hacia el fin de la Guerra y la Violencia como forma determinante de las actuales relaciones intraespecíficas, y elementos claves de la fuerza del patriarcado y de la desigualdad social existente. Unas relaciones de las que se benefician prioritariamente unas minorías sociales mundiales (unas elites en muy fuerte crisis entonces, probablemente), unas considerables “clases medias” (en ese momento ya en importante desintegración), pero también en mayor o menor grado la mitad masculina del Homo sapiens a escala global, que ejerce no sólo

una mayor o menor explotación, sino en muchos casos la violencia sobre la otra mitad: las mujeres del mundo.

Sin embargo, los escenarios ineludibles que vamos a tener que enfrentar en ese Largo Declive pueden ayudarnos a replantear aspectos determinantes del orden de la actual Sociedad Industrial global, y de los diversos “Capitalismos Regionales” planetarios en los que ésta se desintegrará antes de iniciar el forzoso y dilatado camino hacia el postfosilismo, que como hemos apuntado se llevará también hacia el baúl de la Historia a dichos “capitalismos”. Y dicho orden hunde sus raíces más profundas no sólo en la Modernidad, sino mucho más atrás en el tiempo, en cambios históricos que se empezaron a dar en el mundo hace ahora unos 5.000 o 6.000 años, con el inicio del Estado, el Patriarcado y la Guerra. Los tres íntimamente relacionados y que enlazan asimismo con alteraciones bruscas en las condiciones climáticas y ambientales de ese periodo en ciertas partes del planeta (principalmente en el espacio denominado “Saharasia”[1]) (Taylor, 2008; Van der Dennen; 1995; DeMeo, 1998). Desde entonces han predominado en la especie humana los comportamientos competitivos y violentos sobre los cooperativos y pacíficos (salvo en el ámbito doméstico, con las salvedades apuntadas), y no podremos transitar de una manera mínimamente “humana” por el Largo Declive, sin primar una vez más la cooperación sobre la competición y la guerra. Como todo indica que hizo la especie humana durante más del 95% de su existencia sobre el Planeta Tierra. De hecho, en el reino animal la guerra intraespecífica es desconocida, aunque por supuesto no los conflictos entre individuos de la misma especie. Kropotkin tenía razón al decir que muchos animales sobreviven no mediante luchas, sino a través de la ayuda mutua (De Waal, 2002 y 2010; Kropotkin, 1915). Y por supuesto esto es claramente así en todo el reino vivo animal “inferior” y en el reino vegetal, siendo la principal razón de la maravillosa y enorme pujanza de la vida.

Es de esperar que no tengamos que agotar hasta el final el cáliz de la Guerra y la Violencia para reaccionar como especie ante el desastre total al que dicha deriva suicida podría conducirnos. Sin embargo, como decía Einstein, sólo dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana, y declaraba que no estaba muy seguro de lo primero. Por lo que puede ser una posibilidad (¿extrema?) que conviene no minusvalorar. Pero también aparecerán ciertos límites, y sobre todo pueden iniciarse nuevas dinámicas socio-políticas y culturales, que permitan frenar esta deriva absurda y demencial. Entre los límites más claros están los del propio agotamiento de los combustibles fósiles, que hará que (finalmente) no se pueda llegar a mover la Megamáquina de Guerra (eso sí, seguramente tras miles de muertos), pues ésta es extremadamente costosa y dependiente de este tipo de energía, dificultando la prolongación de los Megaconflictos. Ya le pasó en gran medida a Hitler, y a su régimen nazi, al final de la Segunda Guerra Mundial.

Además, la Quiebra de la Sociedad Hipertecnológica incidirá también en la misma dirección, por la extrema dependencia que los nuevos militarismos y securitarismos tienen de la High Tech. Pero eso para nada significa que se acaben las armas y la violencia, pues hay un sin fin de armas de fuego y de “andar por casa” capaces de generar un gran desastre social, como de hecho está ocurriendo diariamente en todos los llamados conflictos de “baja intensidad”, que proliferan y crecen por doquier (Colombia con 30.000 víctimas, o México con casi 25.000, por ahora, entre muchas otras). Si bien hay también una inmensa resistencia a la violencia sin sentido.

Pero quizás puedan aparecer nuevas dinámicas socio-políticas y sobre todo culturales, si las sabemos impulsar, que puedan llegar a frenar y revertir toda esta sin razón. Y que el propio instinto de supervivencia de la especie pueda tal vez acelerar, llegado el caso, y si se dan las condiciones, un posible cambio colectivo de especie. Sobre todo porque la vía del Business as Usual (o de todos sus derivados) sólo conduce a una Violencia, Barbarie y Destrucción Ecológica generalizadas, apuntando hacia un mundo terrible y sin futuro, incluso para el Homo sapiens. Teorías como la Resonancia Mórfica de Ruppert Sheldrake (1990 y 1994), el Inconsciente Colectivo de Jung (2002), o el “Mono 100” de Keyes (1984), apuntan hacia la posibilidad de que en determinadas circunstancias, un nuevo comportamiento alcanzado por una masa crítica de individuos de una especie, permitiría crear un efecto sinergía dentro de la misma que implicaría una suerte de explosión de conocimiento y prácticas colectivas inéditas. En ese caso, la especie evoluciona por sí misma adoptando en masa un estilo de vida diferente (De Waal, 2002 y 2010). Lo mismo nos sugieren Prigogine y Stengers, en su obra “Orden a partir del Caos” (1984), pues “fluctuaciones” inicialmente pequeñas pueden conducir a la transformación de todo el sistema. Y tal vez esto sea más probable en los escenarios de fortísimo stress que como especie vamos a tener que enfrentar durante el Largo Declive de la Civilización Industrial. Si ello fuera así, nuestros nuevos comportamientos permitirían hacer honor, verdaderamente, al calificativo sapiens de nuestra especie. Si no, sería necesario revisar esa denominación, si es que sirve para algo. Pero en cualquier caso, para hacer dicho proceso colectivo viable, si es que fuera posible hacerlo realidad, se exigiría una masa crítica suficiente, que de todos modos es preciso desarrollar. En fin, valga por el momento esta extensa Introducción al libro que tenemos entremanos,

pues es hora ya de desarrollar muchas de las muy variadas cuestiones tocadas en el mismo, así como de abordar otras tantas que no ha sido ni posible ni conveniente incluir en esta especie de síntesis parcial del conjunto del texto.

La Maloca-Pelegrina-Madrid-Leganés, febrero, 2011


[1] Los territorios desérticos y semidesérticos que van desde el Sahara hasta el desierto de Gobi en Asia oriental. DeMeo (1998) y Taylor (2008) apuntan claramente, entre otros autores, que la creación de esas áreas desérticas, sobre espacios anteriormente más o menos fértiles, tuvo un efecto determinante en la activación de cambios personales y colectivos en las sociedades que anteriormente habitaban dichos territorios, y en la gestación y propagación del Patriarcado, la Violencia, la Guerra y el Estado.

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